Síndrome de dolor miofascial (SDM)
El SDM
es un conjunto de signos y síntomas sensoriales, autonómicos o motores
producido por los puntos gatillo miofasciales (PGM).
Un PGM es un foco
hiperirritable en el seno de una banda tensa
de los músculos esqueléticos asociado a un nódulo palpable
(ocasionalmente). La zona en la
que se encuentra el PGM es dolorosa a la compresión, a la contracción activa y al estiramiento y produce una sobrecarga en
los tejidos afectados que desencadena patrones de dolor referido característico,
hipersensibilidad referida a la presión, disfunción motora y fenómenos
autonómicos en otra zona ajena a su localización. Se debe distinguir un PGM de
un PG en otros tejidos cómo la piel, ligamentos, o periostio.
La banda tensa se define como una zona linear o nodular con mayor
tensión rodeada por el resto de musculatura, que se sitúa paralela a las fibras
musculares cuando es lineal y se puede palpar.
Figura I.1: PGM y bandas tensas
Pese a ser los PGM tan
comunes y siendo habitualmente la causa de dolor musculoesquelético, éstos han
sido descubiertos innumerables veces por muchos investigadores, y han sido identificados mediante muchas
denominaciones diferentes.
Es necesario clarificar
la terminología acerca del SDM. Travell y Simons, citan que a
lo largo de la historia se han empleado ciertos términos sinónimos del SDM,
dependiendo del contexto en el que se emplearán. Por ejemplo: reumatismo muscular, mialgia, miogelosis,
miofascitis son sinónimos del concepto SDM, mientras que otros términos son
sólo sinónimos de SDM o PGM en ocasiones: fibrositis,
puntos de Valleix, reumatismo no articular; así como numerosos términos de
dolores anatómicos, cómo por ejemplo, lumbalgia, codo de tenista, cefalea tensional, bursitis subdeltoidea, tendinitis
bicipital, ciática, artrosis de columna, neuralgia braquial, etc.
Clínica del SDM
El dolor característico
de este síndrome se caracteriza por ser un dolor regional, mal localizado, en
los músculos y articulaciones, rara vez tratándose de un dolor fino, cutáneo y
claramente localizado.
El PGM es doloroso a la
compresión y cuando es estimulado mediante estiramiento, contracción o presión
directa, pudiendo evocar un dolor
referido característico, disfunción motora y fenómenos autonómicos. La
severidad de los síntomas producidos por los PGM oscila entre el dolor
incapacitante y agónico causado por PG muy activos y la restricción de movilidad
y la alteración postural indolora, debido a los PG latentes, tan frecuentemente
ignorados.Los PGM desarrollan habilidades
defensivas que limitan el movimiento de ese músculo, siendo el resultado
el dolor muscular crónico, la rigidez y la disfunción.
Además de las
alteraciones sensoriales (dolor referido, disestesias e hiperestesias), también
se pueden experimentar otros trastornos:
-
Autonómicas: sudoración anormal,
lagrimeo, salivación excesiva y actividades pilomotoras. Trastornos
propioceptivos como mareo, desequilibrios, tinnitus y alteración de la
percepción del peso de los objetos al levantarlos.
-
Motoras: espasmo muscular,
debilidad de la función del músculo afectado, disminución de su tolerancia al
esfuerzo y limitación de la amplitud de movilidad (aunque más pasivamente que
de forma activa).La debilidad se produce por inhibición motora refleja y cursa
sin atrofia del músculo afectado.
Tabla I: Características clínicas de los PGM
Características
clínicas de los PGM
|
Dolor al estiramiento
|
Dolor a la contracción
|
Banda tensa palpable
|
Hipersensibilidad focal a la presión (signo del
salto)
|
Umbral de dolor a la presión
|
Reconocimiento del dolor por el paciente/umbral
|
Respuesta de espasmo local
|
Restricción de la movilidad (subjetiva)
|
Dolor referido a la presión
|
Debilidad muscular
|
En función de la localización del PGM, se
puede tratarse de un PGM insercional
si se encuentra en la unión miotendinosa y/o en la inserción ósea del
músculo, un PGM central si se
localiza cerca del centro de las fibras musculares. En función de la forma de activarse, un PGM primario
es activado aparentemente de manera directa por sobrecarga aguda o crónica, o
por sobreuso repetitivo del músculo en que se desarrolla, sin ser ocasionado
por la actividad de un PGM en otro músculo. Un PGM que coexiste en un mismo
músculo, se denomina PGM asociado. En el caso de que un PGM sea el
responsable de la activación de otro PGM, se denomina PGM clave, y a los
inducidos por ese PGM, satélites.
Se considera PGM activo aquel que causa una queja
clínica de dolor. Además, es siempre doloroso a la presión, impide el
estiramiento completo del músculo, lo debilita, refiere un dolor reconocido por
el paciente cuando es comprimido directamente, ocasiona una respuesta de espasmo
local de las fibras musculares cuando es estimulado adecuadamente y, al ser
comprimido, dentro de los límites de la tolerancia del paciente, produce
fenómenos motores referidos y, en ocasiones, fenómenos autonómicos generalmente en su zona de dolor referido.
Además puede ocasionar hipersensibilidad a la presión (signo del salto).
Con un reposo adecuado
y en ausencia de factores de perpetuación, los síntomas dolorosos desaparecen,
pero la activación ocasional del PGM explica la típica historia de episodios
recurrentes del mismo dolor.
El PGM latente clínicamente no produce dolor
espontáneo: sólo duele cuando es palpado. Puede tener todas las demás
características de un PGM activo y siempre presenta una banda tensa que aumenta
la tensión muscular, limita la amplitud de movilidad y debilita la función del
músculo.
Una posición mantenida
de un músculo en estado de acortamiento puede convertir un PG latente en
activo, al contraerse en esta posición de acortamiento. Los PGM son
extraordinariamente comunes y llegan a representar un capítulo doloroso de la
vida de casi todo el mundo en uno u otro momento. Los PGM latentes son mucho
más frecuentes que los PGM activos.
Activación de los PGM.
Activación directa: Fatiga por sobresfuerzo, traumatismo importante, radiculopatía o
sobrecarga aguda (por abuso mecánico del músculo en forma de sobrecarga
muscular, de forma aguda, mantenida y/o repetitiva).
Activación indirecta: A partir de la activación de otros PG, por enfermedades viscerales,
disfunción articular, y estrés emocional.
Activación según
instauración de la clínica (aguda o gradual)
Activación aguda: Se precipita un inicio
repentino de los síntomas (p.ej.: traumatismos, cómo tirones, torceduras,
esguinces, subluxaciones, o golpes directos sobre el músculo, ejercicio
vigoroso excesivo o inusual, etc.
Activación gradual: precipitados por
tensiones crónicas o sobrecargas por sobre solicitación de un músculo. (P.ej.:
actividades repetitivas). Si esta tensión crónica persiste, puede perpetuar
e intensificar los PG 26, 27.
1.6.7.- Perpetuación de los PGM
Los siguientes factores hacen que el músculo tenga una
mayor tendencia a desarrollar PG y puedan aumentar la irritabilidad de los ya
existentes, de forma que la respuesta del músculo al tratamiento sea incompleta
o de corta duración:
-
Factores mecánicos que
aumentan una sobrecarga muscular: asímetrías o dismetrías de miembros
inferiores y superiores, mobiliario inadecuado, estática defectuosa, abuso de
los músculos, constricción de los músculos por determinadas prendas,
inmovilidad prolongada, disfunción articular.
-
Desarreglos nutricionales:
déficit de Vitaminas B1, B6, B12, ácido fólico y vitamina C, calcio, potasio,
hierro y demás oligoelementos.
-
Desarreglos metabólicos y
endocrinos.
-
Factores psicológicos:
deresión, ansiedad que provoque tensión, etc.
-
Infecciones crónicas.
-
Otros factores: alergia,
trastorno del sueño, radiculopatías o enfermedad visceral crónica, etc.
Inactivación de los PGM
Con un reposo adecuado
y en ausencia de factores de perpetuación, un PG activo puede revertir
espontáneamente al estado de latencia. Los síntomas dolorosos desaparecen, pero
la reactivación ocasional del PG al excederse la tolerancia al estrés de ese
músculo puede justificar una historia de episodios recurrentes del mismo dolor
a lo largo de los años.
Además, existen múltiples técnicas de liberación de PG descritas en
diversos manuales de tratamientos del síndrome de dolor miofascial, tanto
conservadoras cómo invasivas, que logran una aceleración en el proceso de
inactivación de los PG y, además, aseguran su desaparición completa, sin que se
queden en estado de latencia.
Importancia del SDM
Algunos
estudios dan idea de la gran prevalencia de los PG en la población. Cuando la
naturaleza miofascial del dolor no es reconocida, los síntomas tienden a ser diagnosticados cómo neurógenos,
psicógenos o conductuales, pudiendo ser la severidad de la clínica muy
importante. El coste económico total debido a dolor musculoesquelético es
enorme y, en parte, innecesario. Una parte considerable de dolor crónico
debido a PGM se puede prevenir con un
diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado y específico.




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